lunes, 26 de octubre de 2015

Filosofía marca ACME

Por Mariana Weschler

Las frases motivacionales vienen ganado terreno y de tanto insistir en que pueden ser un salvavidas, decidí buscar alguna que me ayude.  No soy fanática de Osho. No tengo la memoria de Doris (la pez de la película de Nemo) y las frases realmente piolas las puedo subrayar pero no retener. Para peor uso edulcorante, así que las frases de sobrecito de azúcar no están a mi alcance. Por eso decidí apelar a mi bagaje de conocimiento, que no será tan culto, pero bien vale la pena. Como una revelación se me apareció una del Gallo Claudio: “¡lanza la bola chico!” Este personaje la usaba cada dos por tres, no siempre con buenos resultados. Pero estoy segura de que en ciertas situaciones puede ser salvadora. En el diario autístico, la filosofía del Gallo Claudio puede ser una guía en ocasiones como éstas:
  • Ante miradas desagradables: estás con tu pibe en algún lugar público, bien puede ser… ¡la vereda! A tu retoño se le da por hablar solo, aletear o reírse como si fuera el conde Drácula antes de cenar. La fruncida de al lado te mira con esa cara de espanto que te da ganas de embocarla ahí nomás. Antes de irte a las manos, aplica el concepto de gallo Claudio y lanzá la bola: Devolvele la mirada con la misma amabilidad que te la han dado, si podés acompañala de una risotada tan fuerte como la de tu niño. No sé qué hará la fruncida, pero te aseguro que la cara ¡la cambia!
  • Cuando las sugerencias terapéuticas son casi una Misión Imposible: Por ejemplo, como a tu nene le encanta la música, te sugieren que lo lleves a un musicoterapeuta que tiene un grupo maravilloso. La actividad queda en Villa Oeste, vos vivís en Villa Este y el nene ya va a una escuela en Villa Sur. Pero te ceban, porque este terapeuta es un recontra capo irreemplazable y los logros serán incomparables. Nadie pregunta si tenés otros hijos, una vida, un horario, lo que importa es que no pierdas la oportunidad. Y claro, vos deseás el ansiado logro. Hacés las cuentas de cuánto tiempo y logística te va a llevar cumplir con esa meta, y más que llevar al chico a la terapia ¡te dan ganas de estrangularte con una tuba! Ahí, usá la filosofía ACME y antes de que te estalle en las manos “¡Lanza la bola chico!” Probá responder lo siguiente: “Si, estaría buenísimo llevarlo, pero si llego a esa terapia tan lejos y tan costosa, a esta no lo puedo traer más.  ¿A vos que te parece?” Si la terapeuta es capaz de abandonar su propio lugar por el otro, bueh, capaz que ese de Villa Oeste es realmente tan increíble como te lo vendió.  Y si no, buscaremos una alternativa más aplicable.

  • Cuando necesitás un salvavidas, porque no das más de nadar: De a poco te vas acostumbrando a ser una máquina de tomar decisiones por el otro. Pero, cada tanto te  empantanás con un tema: escuela, terapia, taller o lo que fuera. Te pasás la pelota de la derecha a la izquierda y no sabés para donde apuntar. ¿Será mejor que lo escolarice? ¿Qué no? ¿Más terapias? ¿Será mejor que tenga tiempo libre? Ese es el momento de apelar al  “¡lanza la bola!” Que para eso tenés tantos terapeutas y médicos alrededor. No van a decidir por vos, pero el equipo seguro que está ahí listo para atajar el pase. A veces somos nosotras que nos olvidamos de pedir ayuda, ¿eh?
  • Cuando no hay mejor explicación que la vivencia: No solo a los terapeutas, vecinos y demases se les puede dar el pase en momentos clave. En ocasiones a la mejor que le puedo tirar la pelota es a Tati. Para nosotras, una situación típicamente incómoda es en el ascensor. Si entra un muchacho guapo, sé que se le va a abalanzar. Antes de que el desprevenido se quede duro, la miro a Tati y le digo “ojito que ya vi tus intenciones. Antes de lanzarte sobre un muchacho, mínimamente tenés que presentarte”. El chico se ríe ¡y ya entró en la cancha! Lo que pase después, está dentro de un marco de buena  onda.


La frase es aplicable a muchas situaciones más, eso seguro. Aunque en las redes sociales abunden unas que suenan mucho más profundas y esenciales. Yo no sé si la respuesta a la búsqueda de la felicidad la tiene Osho. O si está en la reflexión de algún premio nobel de la literatura. Quizás esté en el arte de la respiración profunda —puede ser, sobre todo si el que está respirando al lado tuyo huele bien—. Ni siquiera estoy muy convencida de que sea el objetivo por excelencia. Lo que sí sé es que si te quedás con la pelota en la mano, el juego no se arma. Con bronca, con humor, con puntería o con torpeza, pero me parece que el Gallo Claudio la tiene clara, ¡lanza la bola chico!


lunes, 19 de octubre de 2015

Sobre recompensas y la pelusa del duranzo

Por Cecilia Acevedo

¡Te re- bancamos, Jimmy!
Foto sacada de esta otra nota.
Me llegó hace un par de semanas, como me llegan muchas veces noticias similares, la nota sobre Jimmy, un joven y talentoso músico con autismo. En ella vemos el trabajoso camino de Jimmy y su mamá, que desde el principio nadó contra la corriente para darle a Jimmy un futuro.
Nos encantan estas notas, por supuesto. Nos encanta ver chicos que nacen "con desventaja" que luego con perseverancia y trabajo duro, no solo alcanzan al resto sino que superan las espectativas promedio de cualquier individuo tengan o no necesidades especiales.
Por un lado nos da esperanzas, a todos:

  • "Si una persona con discapacidad pudo, yo, que estoy 'bien' podré también"
  • "Si ese chico pudo llegar ahi, el mío puede algun dia superar sus problemas de comunicación"
  • "Si mi hijo empezó peor que ese chico y ya está superando los mismo hitos... ¡Quien te dice que no me salga también una gran personalidad publica en el futuro!"

Claro que también se da a la inversa, muchos leen esta nota y tienen a creer que cualquier chico con autismo es en realidad un genio esperando a romper el cascarón y fascinarnos con sus super poderes autistas. Pero como nos pasa a los neurotípicos, no todos estamos destinados al éxito. Tenemos derecho, todos, a ser simplemente una persona común, feliz de ser quien es aunque no reciba condecoraciones o figure en los titulares de algun diario.
Tenemos derecho a ser una simple oficinista, maestra, albañil, programador, etc, modestamente efectiva en lo que hace.
Porque aunque sean unos pocos grandes genios quienes marquen la dirección hacia el futuro, somos las personas "comunes", las de todos los días, quienes hacemos el entorno de cada uno de los que habitamos este precioso planeta azul.

En estas notas, muchos exaltan la pasión del protagonista, de nunca rendirse y el gran esfuerzo que han de realizar para poder alcanzar sus sueños. También la abnegada entrega de su madre, que aunque todos le decian que era inútil, ella movió montañas y luchó contra la adversidad por su hijo (¿es que las madres tenemos otra opcion?). Y por supuesto, la desinteresada ayuda de muchos profesionales y maestros, que apostaron por esa persona aun cuando no fueran a recibir nada mas que la satisfacción de verlo conseguir sus sueños.

Me encanta, por supuesto, me fascina ver que otros vean lo que nosotros vemos en nuestros hijos. Su esfuerzo, su lucha, su capacidad, la felicidad de los objetivos cumplidos, la satisfacción de ser bueno en algo y la felicidad de poder devolvernos algo de todo lo que reciben de nosotros.
Pero por otro lado me entristece que esto se vea como algo ajeno, y de nuevo no hablo solo de niños con necesidades especiales. Se dice que se requiere un pueblo para criar un niño, pero en los tiempos que corren pareciera que solo se requiere una madre que se encargue de proveer a su hijo todo lo que este requiera siempre y cuando no moleste al resto de los ciudadanos que no tienen por qué sufrir las molestia presencia de estas criaturas ruidosas.
Todos los niños son responsabilidad de todos. Incluso de quienes decidan no tener hijos. Un hijo no es un capricho de quienes no tengan madera de triunfar en su carrera. No es un accesorio de moda. No es una mascota. No es un seguro de vida para tener quien te cuide cuando seas viejo.
Un hijo, un niño, es un individuo, que el día de mañana será maestro, artista, doctor, ingeniero, abogado, albañil, político, enfermero, asistente social o lo que se le ocurra. Los niños que hoy ves corriendo y gritando, el dia de mañana estarán tras un escritorio sirviendote o sobre tu cabeza proyectando los edificios que utilices o en el senado peleando por tus derechos o en el escenario deleitandote con su talento artistico.
Nos encanta ver violinistas virtuosos, pero detestamos oír al principiante haciendo ruidos.
Nos encanta que nuestro equipo de futbol gane torneos, pero no soportamos a los jovenes entrenando en el parque.
Nos encanta ver que un joven con autismo es el nuevo Einstein, pero no lo queremos en nuestras escuelas junto a los niños "normales".

En resumen, adoramos el exito y los laureles, pero no el esfuerzo colectivo que nos lleva a ello.


No tiene que ser así. Vos, persona sin hijos, persona con hijos "normales", podés ser parte de esta historia también. Mis hijos no te están quitando nada, al contrario: tienen mucho para darnos, como cada niño. A todos. Sólo necesitan un poco de nuestra confianza.
Se los aseguro: Lo vale.

lunes, 12 de octubre de 2015

Un camino sin GPS


Por Mariana Weschler
Los chicos pueden venir con un pan bajo el brazo, pero con un manual nunca y con un mapa, ¡menos! Cuando estás en el camino de la discapacidad, la ruta está menos señalizada que el resto. Es como tener que manejarte en una ciudad desconocida sin GPS. Sería algo así:

·         No circulás por avenidas donde todo está señalizado, vas por calles alternativas que puede que estén cortadas.
·         Cada tanto te toca parar en una esquina para preguntar direcciones, tomar calles deshabitadas procurando no meterte de contramano y dar vueltas en redondo.
·         Tenés que salir dispuesto a viajar sin apuro por llegar a destino. Lo que creíste podría ser un trayecto de días, puede que sea de años.
·         Desde que ponés el motor en marcha, debés tener en claro que puede que no llegues a ese lugar donde habías planeado sino que caigas en otro totalmente diferente. (Algo como que saliste en ojotas planeando ir a la playa y llegaste a la nieve)
·         Cualquiera sea el camino que te toque en suerte, tenés que evitar entrar en pánico. El susto es como el bostezo, ¡contagioso! Y no querrás transmitirle eso a tu pasajero.  Te diría que mientras tengas nafta en el tanque, ¡seguís para adelante!

Viajar sin GPS puede tener su lado interesante. A veces encontrás gente muy dispuesta a indicarte dónde estás, hasta puede haber alguno que se ofrezca a acompañarte.

Otros te desvían más de lo que colaboran.

Hay momentos en los que te las tenés que arreglar solo o esperar una señal.
Y cada tanto, cuando ya sentís que el motor recalienta, como por arte de magia, la indicación que tanto andás necesitando te viene del asiento de atrás del coche y es tu hijo el que puede convertirse en guía. El que te da una pista de por donde seguir. El que recarga el tanque como por arte de magia.

No es un drama, es un camino diferente. Y no es por descalificar ni mucho menos, pero es más fácil entenderlo cuando estás en el mismo carril. O al menos, cuando el otro tiene un ratito para detenerse, transitar por la calle más lenta o más vacía y ver un poco desde tu misma ventana. En cuyo caso, bienvenidas las propuestas de nuevas rutas.
Total en este trayecto, aunque andemos sin  GPS, estamos abiertos a vivir “recalculando”.



viernes, 2 de octubre de 2015

Yo no podría

Por Cecilia Acevedo

Como mencioné antes, tener un hijo con autismo no solo me enseño un montón sobre autismo, también me ayudó a ver la sociedad en la que vivo con otros ojos, y descubrir un montón de falencias, un montón de cosas que no terminan de encajar, pero que por resignación, costumbre o sometimiento, terminamos por normalizar y aceptar que lo que es, es como debe ser y cada individuo debe adaptarse a eso.
Todos sufrimos durante el periodo de adaptación, porque es cuando dejamos de hacer algunas cosas que nos gusta, para encajar mejor en esa sociedad funcional. Cuando tuve mi primer hijo, que no tiene ninguna condición extraordinaria, solo es un poco nerd y curioso, sufrí con él ese choque cultural, de un niño que nos traía asombro, ideas nuevas, un punto de vista diferente, la oportunidad de no estancarnos en lo mismo de siempre, contra un mundo que adora lo inamovible y que lo impredecible es siempre una amenaza del orden.
Por supuesto que tuve que encarar las cosas de diferente manera, no iba a permitir que mi hijo sacrifique su esencia por entrar en un molde aburrido, en supuesto beneficio del bien común; pero tampoco quería que él sufriera una suerte de lapidación social por mártir. Negociamos. Le di algunos tips de mi propia supervivencia y se podría decir que en mayor o menor medida, zafamos.
Cuando llegó Víctor la cosa se puso un poco más complicada. Sobre todo porque la falla del canal de la comunicación era todo un obstáculo. Desde que tiene conciencia, Víctor no entiende por qué el mundo es tan diferente a lo que él cree que debería ser. Y desde el principio mi mayor frustración residía en sentirme que estaba fallando en comunicarle que puede contar conmigo, y que lo vamos a superar, de alguna manera. 
Desde los primeros días, en que no entendía sus llantos, tan diferentes a los de su hermano y de otros chicos. Incapaz de poder utilizar los mismos métodos para consolarlo. Hasta que en un momento, de alguna manera, hubo un pequeño click y en una de esos esporádicos contactos visuales que tenía, me llegó su mensaje de ayuda. Y es simple: nadie llora sin razón.

Cada vez que lloraba trataba de expresar su frustración, como lo hace todo el mundo cuando una situación te supera, solo que nuestra programación cultural nos lleva a hacerlo en la intimidad y en lo posible sin que nadie se entere.
Sí, es de esas cosas que parecen tan simples pero
por una cuestión cultural no se te permite, hijo.
Ya te vas a acostumbrar... o aprender a lidiar con ello.
Una vez que empezamos el tratamiento, Víctor empezó a aprender a expresarse de otra manera y los llantos desgarradores de disminuyeron un montón. Así y todo, aún queda mucho por recorrer y los brotes en público todavía aparecen. Ya no duran 30 minutos, sino 5. Noto que antes él pretendía llorar hasta desaparecer cuando ahora quiere que lo traiga de nuevo a la tranquilidad. Pero para el observador casual no hay diferencia. Solo ve una madre que lejos de ponerse roja de vergüenza o gritando y azotando a su hijo desobediente, se pone a su altura y lo consuela en voz baja hasta que vuelvan las sonrisas y las canciones.

Muchos luego de ver esto y entender lo que se trataba, pasan de la indignación a la admiración: Increíble, cuanta paciencia, cuanta entereza, yo no podría...
.
.
.
¿Gracias...? Entiendo que es una forma de halago, una palabra de aliento ante una situación nada feliz por la que ninguno de los que estamos ahí querríamos pasar, pero con la que tenemos que lidiar. Claro que me molesta que grite y haga una escena, personalmente lucho todos los días contra una timidez paralizante y una hipersensibilidad táctil y auditiva. Pero lo que él está sufriendo para explotar de esa manera, es mucho peor, porque además no puede expresarlo. ¿Cómo enojarme con él? ¿Cómo no sentir un brote gigantesco de empatía?

Seguimos concientizando sobre autismo para que no nos tengan miedo y se den la oportunidad de conocer a estas personas increíbles. Pero creo que todavía el ciudadano común no termina de entender qué hacer con ello. ¿Qué hago con ese niño? ¿Lo trato normal? ¿Lo ignoro y espero que él dé el primer paso? ¿Le doy mis condolencias a su madre? ¡Ayuda! ¿Cómo manipulo el autismo sin que me explote en la cara? ¿Qué hago si explota?

Quizás como sociedad estamos demasiado condicionados por las instrucciones, al punto tal que no entienden de donde sacamos las madres de chicos especiales, las instrucciones para manejarnos tan bien. "Yo no podría" dice alguien que no tiene hijos pero quizás es maestra de un colegio, donde no sabría qué hacer si le toca tener un alumno como mi hijo. "Yo no podría" dice también el dueño del kiosko, que no sabría cómo dirigirse a un niño que pasa 10 minutos observando todos los paquetes buscando la única golosina que le gusta y sin poder expresarlo con palabras. "Yo no podría" dice un automovilista tocando la bocina 3 segundos antes de que el semáforo se ponga verde mientras chequea su celular. "Yo no podría" dice el dueño del pelotero que querés contratar para festejar su cumpleaños y al que le tenés que pedir que por favor no ponga la música tan fuerte y lo deje deambular cuando se satura.
Y supongo que yo pensaba lo mismo antes de tenerlo a él. No soy para nada como esas madres. O a su hermano, que tuve soltera. ¿Cómo voy a hacer?

Y si, se puede. Somos humanos, es nuestra esencia: nos la rebuscamos y podemos.

Pude yo. Puede él.

Podemos todos los que estamos en el baile. 

Podés vos.

Pueden todos.

Sí, sí que podrías.


No vuelvan a decirme eso.

sábado, 26 de septiembre de 2015

¡Por las Siglas de las Siglas!

Por Mariana Weschler

El mundo del autismo te lleva a aprendizajes varios. El primero y más básico es entender de qué se trata y ponerte en marcha. Pero después te toca aprender un popurrí inagotable de cosas. Entre otras, un diccionario completo de siglas. Una de las primeras con las que te cruzás, que debe ser la menos “padre friendly”, es el DSM XIV. A once años de que Tati tuviera su primer diagnóstico sigo sin saber muy bien de qué viene. Wikipedia explica que en psiquiatría DSM se refiere al Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales. Yo entiendo que es como el instructivo que determina si alguien cumple el requisito para tener un diagnóstico como: T.G.D. ¿Será que las siglas son como el dinero que llama al dinero y se reproducen con facilidad?
T.G.D. se refiere a Trastorno Generalizado del Desarrollo. A partir del diagnóstico escucharás la sigla hasta el cansancio. Tanto así que en algún momento es posible que termines creyendo que esas tres letras tienen un sentido lógico y claro para el común de la gente (y eso que para vos no termina de tenerlo) pero, ¡ojo! En cuanto pruebes darlo como diagnóstico en un aeropuerto porque tenés que evitar hacer la cola, o se lo comentes al almacenero cuando te pregunte “¿Qué tiene la nena?”, te vas a dar cuenta de que T.G.D. no está tan normalizado como decir puerto U.S.B., por poner un ejemplo. Para no dejarlo así tan solito y en el aire, a T.G.D. puede que le sumen de apellido N.E.: NO ESPECIFICADO. Si querés que te de una mano te lo traduzco yo: No te lo Esperabas, ¿eh?
Las siguientes iniciales famosas son: T.E.A. Trastorno del Espectro Autista. La reina de las siglas, porque la entienden en otros países de habla hispana. Eso sí, si ya entraron en el planeta T.G.D. Al almacenero tampoco lo hostigues con esta. A mi T.E.A. me suena a una incitación a que te lo tomes con té. Si querés mi consejo, a veces alguna bebida un poco más fuerte anda mejor.
El listado que le sigue son las abreviaciones terapéuticas. Si de adolescente preguntabas a una amiga para salir del paso: “¿Tenés un OB?” Ahora, una mamá amiga puede andar pidiendo: “¿Tenés T.O. recomendable?” T.O.: Terapista Ocupacional. OB ¿qué corno significará? Con la misma naturalidad podemos pasarnos datos de A.T.: Acompañante Terapéutico.
Si algún terapeuta habla de A.V.D. y no tenés idea de qué se trata, te cuento: son Actividades de la Vida Diaria. Por más grupos de A.V.D. que haya, te aviso que nada tienen que ver con los de A.A.A., que son para alcohólicos. Lo que tienen en común es que intentan que la persona se adapte al medio. Pero en los grupos de A.V.D. no creo que nadie ande contando sus intimidades, ya que ventilar lo propio no entra dentro de las normas clásicas de socialización.
Luego, están las asociaciones, que para no ser menos se nombran con siglas largas. Probablemente estén pensando en los padres, la importancia de ejercitar la mente y prevenir el alzhéimer. Están las mil y una organizaciones. De memoria, que no tengo tanta, recuerdo: PANAACEA, APADEA, CEUPA, AUPA, ASPAU, FESPAU... Muchas A, de Autismo, de Amor y de ¡Ayuda! Yo sugiero, si no recuerdan el nombre de alguna que querían contactar en breve, hagan uso de la mundialmente conocida S.O.S. que nadie sabe traducir pero todos entienden. De última –o de entrada– está Google por supuesto. Que gracias a dios te responde con todas las letras.
Yo tengo algunas siglas propias que con gusto presto. Una, que viendo la cantidad de cursos que hay en el mercado para el fin debería patentar, es S.C.: Sentido Común. Créanme que el de cada uno es más confiable que varios de los consejos que andan de oferta.
Para tener a mano cuando un médico o terapeuta te sugiere cosas delirantes como que salga a correr maratones cuando el chico detesta moverse, o que coma zanahoria hervida en caldo de sapo para que esté más calmo, es T.A. Suena bien si no leés los puntos. En Uruguay sería como asentir. Pero entre nosotros podríamos traducirlo como “Tu Abuela”. Entonces, cuando te sugieren pelotudeces, vos contestás “¡TA!” (¡¡Tu Abuela!!!) con una sonrisa. Y quedás como un duque.
Ahora que se habla mucho de la condición autista, podés nombrar la propia con una sigla. Por ejemplo, advertís: mi condición es A.B.D.A.: Al Borde del Ataque. Así que ¡no enciendan la mecha por favor!
De uso frecuente y que me saca de algún intríngulis es A.M. No está referido a no madrugar, en cuyo caso usaría la archiconocida LPMQLP porque dormir me encanta. El significado lógico para mí es A Medida. Cuando siento que no hay un lugar para Tati o las cosas no funcionan para ella, le trato de dar vuelta a la mirada y entender que si ella excede al estándar, habrá que armar algo a su medida.
Y cuando con Sentido Común me doy cuenta de lo inmersa que estoy en una falta de sentido, dejo descansar a SOS, me despego un poco del diagnóstico TGD, apago los foros de grupos de las diez iniciales, e intento focalizar en las 7 letras del nombre de mi hija y hacer las cosas lo mejor posible, gastando letras a gusto en las palabras que se me dan la gana.
El vocabulario abreviado lo seguiré aprendiendo, pero tanto ahorro de palabras a veces creo que me hace perder V.T., Valioso Tiempo, y me R.L.P. Rompe las Pelotas.

Mariana
L.Q.L.P
(la que la parió ;) )

viernes, 28 de agosto de 2015

Red de madres


Por Mariana Weschler
Entre todo lo que suma la maternidad a tu vida, están los lazos con otros padres. Habitualmente, el solo hecho de elegir una escuela, deporte o actividad para tu infante, te da puntos en común con las familias que eligen ese espacio. Cuando tu pibe no encaja en la media, la cosa cambia. El punto en común es la dificultad que presenta tu hijo a la hora de adaptarse al estándar. Así y todo, las redes de padres se arman. Las redes de madres “TGD” se tejen de maneras tan diversas, como la diversidad que las une. Por alguna razón se enlazan con un punto firme. Tienen sus propias leyes que, como todo en el mundo “under”, se rigen por códigos propios. 
Para mí, estos son algunas de las leyes tácitas

·         Hablarás con desconocidos: No es que no hayamos leído el cuento de Caperucita Roja (y tampoco que le abrimos la puerta a cualquiera), pero cuando una mamá desconocida te llama para preguntarte algo por recomendación de un tercero, le respondés con cariño. Por ejemplo.
—Hola, Soy Marucha, me pasó tu teléfono una mamá con la que charlé en el club de la loma de las Peladas y me contó que tu nena iba a una actividad de Tiro al blanco especial que está buenísima. ¿Me pasás el dato?—Obvio, Marucha.

Y ahí nomás le preguntás sobre su hijo y le contás del tuyo como si tal cosa.

·         Compartirás agendas. ¿Viste que cuando alguien te pide el dato del ginecólogo, si es bueno y no te hace esperar preferís no pasarlo? Bueno, en el caso de médicos, terapeutas o profesionales de discapacidad, esta norma no aplica. Cuando una mamá que ya pasó a ser de tus conocidas te pide un dato para su hijo, se lo das. Y si no lo tenés, averiguás.

·         Se te perdonarán abdominales laxos, pero en empatía, estarás bien ejercitado: por ejemplo, cuando una mamá te cuenta que su hijo está en una etapa de insomnio permanente —lo cual se refleja en unas ojeras que no las tapa ni el maquillaje de Piñon Fijo— vos NO le contás que la tuya está atravesando un período adolescente y duerme hasta las 11 de la mañana los fines de semana. Evocás las épocas en que pasaste las noches en vela y la acompañás en su pesar, o le convidás un trago.

·         Siempre que puedas, darás una mirada positiva: Cuando estás hecha goma y sentís que no vas para ninguna parte, si lo compartís con un par,  no te pone cara de pena, ¡te da la certeza de que en algún momento la cosa mejora! Porque es un ciclo, porque ya la vivió, o porque no está excenta. Y si no está de ánimo para darte ánimos, otra vez te invitará un trago.

·         No juzgarás (a menos que te confiesen un delito): Por más que te cuenten que el pibe se cuelga del techo como el hombre araña, que el padre en un arranque de stress se quedó calvo, que están probando hormiga-terapia con un grupo de terapeutas de la Antártida, si lo que te cuentan viene con amor y bien intencionado, ocultarás la cara de asombro. Si tenés confianza y te parece que está derrapando, se lo dirás con gracia, y si no, escucharás con cautela. En el fondo, sabés que vos por poco no criabas una orca en la bañadera para que tu hija estuviera mejor, así que…mutis por el foro.

 No me hice de muchas amigas através de Tati. Al menos no de esas amigas con las que te juntás a menudo. A algunas, hasta solo las tengo de referencias virtuales (intercambiamos datos por redes o mail).
A veces creo que estas minas están todas medio locas.
Deduzco que yo debo de estar igual de loca que ellas.
Pero NO son de las que te hacen la competencia a ver quién tiene la mejor familia Ingalls. (De esas seguro que las hay y se juntarán entre ellas). Son de las sinceras, que a veces la pasan bien y otras para el ojete. De las que saben que no existen los milagros, que es un poner el cuerpo día a día. Que la locura es parte de la vida, que no se contagia, pero se comparte y si se van demasiado de mambo, bien se lo podés decir. Que nada de las cosas extrañas que pasan cuando tu hijo es más extraño que la media, las va a asustar.

No son mis amigas del alma. Pero son una red de personas que bancan, averiguan y empatizan. Que quieren sentir que sus aciertos y errores pueden llegar a ser transferibles. A veces no están muy a la vista, pero en algún lado están, y alivianan ¿NO?

miércoles, 15 de julio de 2015

Comimos con Flor de la V

Por Mariana Weschler

En la escala de cholulismo, creo que padezco aproximadamente un 50%.
No soy de las que se abalanzan sobre el famoso para pedir la foto, pero tampoco voy a negar que me llama la atención encontrarme con uno. Me pregunto qué se siente recibir esa mirada de “Te reconocí, ¡sos Mister Increíble!” Imagino que por más que pueda ser denso a veces, debe sumarle a tu ego. 
Ahora, eso de que te miren desconocidos, sí que lo experimenté. A medida que mi hija con autismo va creciendo, lo experimento cada vez de manera más alevosa. A veces, tengo la sensación de que llevo del brazo un semáforo al que miran directo a la luz a ver cuando pasa de un color a otro. 
La última vez que me pasó esto de un modo muy indiscreto fue en el aeropuerto rumbo a nuestras vacaciones. En el mismo vuelo que nosotros, viajaban: Matías Martin (conductor radial, conductor de televisión, ex modelo) su mujer Natalia Graciano (modelo, alta y divina), y sus hijos. Como si fuera poco, estaban también Campi (actor, pelado, simpático) su mujer Denise Dumas (más altísima que la anterior e igualmente bella) y sus cuatro ¡cuatro! hijos, rubios preciosos. 
El vuelo estaba totalmente vendido, creo que hasta había un pasajero adentro del carrito de comidas. Con estos famosos cerca creí que zafaríamos de las miradas. Pero no. No me gusta ponerme en competitiva, pero podría jugármela de que a la que más miraron, fue a mi hija con TGD.  
En momentos de mayor tensión y donde se aglutina la gente, Tati se pone más tensa y suele tener comportamientos poco comunes. Yo ni les cuento. Ella procesa las multitudes buscando puntos fijos de su interés, como puede ser una mochila con un dibujo que le gusta. Apunta al objetivo y se lo queda mirando, bien pegadita a la imagen. O se tira al piso como si diera su libre interpretación de “paren el mundo que me quiero bajar”. 
Yo proceso la incomodidad que me dan las miradas ajenas contando de cien a cero las veces que sea necesario. Como si la mirada no bastara, hay gente que parece que no filtra ni el café. Sin tantear como está el agua se tiran de clavado a opinar. Algunos con buena onda te avisan “Mirá que tenés prioridad de paso, embarcan primero si querés”. A lo que agradezco el dato y me preparo para eludir las miradas de los que se enculan por quienes embarcan antes. Pero otros dicen lo que se les ocurre. Uno me ha llegado a decir “La vas a medicar para el vuelo, ¿no?” Elijo callarme, me conozco más remadora que clavadista. Pero me pregunto si yo viera alguien ansioso antes de volar, ponele, ¿le convidaría un rivotril así nomás? ¿Qué habilita al otro a mirar, opinar, juzgar sin filtro ni endulzante? Cuando viene de buena onda, vaya y pase, pero cuando no ¡es molesto! Lo digo con todas las letras para quien no sabe que se siente, que lo sepa.
Hace un par de fines de semana fuimos a almorzar en familia y estaba Flor de la V (actriz, vedette, híper llamativa y extrovertida) con marido, hijos y amigos. Se sentaron en el medio del restaurante. Nosotros por suerte conseguimos un box en un costado, así que pasamos más desapercibidos. Traté de disimular la mirada, que me resultaba inevitable, mientras me preguntaba “¿se sentirá cómoda con que la miren?” Nos trajeron el plato caliente casi al mismo tiempo. Yo me dispuse a ayudar a Tati con sus milanesas. A ella se le acercó un tipo con su celular para pedirle una foto  antes de que agarrara el cuchillo. 
Menos mal que no soy famosa. 
Odio las fotos.