lunes, 14 de marzo de 2016

El punto E

Y no, no me equivoqué de letra. Del punto G hay artículos a morir  ¡y tampoco que es tan difícil de encontrar! El punto de E es ese punto que las madres de niños con autismo deseamos más que nada. No es de acceso tan sencillo como el otro, está mucho más guardado: es el Punto de Encuentro.  Cuando tu hijo es neurotípico también tiene sus vueltas, pero al menos en el primer saludo de la mañana, está. Puede que no sea una conexión profunda.  Como cuando tu hijo adolescente mantiene una conversación completa sin retener ni una de las palabras que dijiste… Pero al menos en la ilusión, uno se queda tranquilo sintiendo que se han encontrado.
Pues bien, cuando tu hijo con autismo no te mira a los ojos, parece no escucharte y a veces no habla, ese punto de E vale oro. Tati por ejemplo, es una experta en ignorarte olímpicamente. Si ella así lo quiere, podés ponerte frente a su cara que logra que sus ojos no se crucen con los tuyos así te muevas como un saltimbanqui para que caiga en la trampa. Cuando lo pienso dos veces, entiendo que eso de evitarme también es una manera de hacerme notar que sí está pendiente y tiene claro donde estoy y qué intento. Pero para una es angustiante. Es que a ella las convenciones sociales: el saludo, la respuesta obligada, el beso de llegada y de partida le interesan menos que lechuga sin condimentar. Y no les voy a mentir que duele, claro que duele. Todas sus terapias, desde donde sea que se aborden, en general apuntan a
ese punto de encuentro. Todos en algún momento llegan. Pero la piba jamás les da un mapa. Yo puedo tirar una pista de cuáles son sus intereses, a qué responde mejor y demás, pero ella los despista rápidamente. Porque con uno no es igual que con otro. Si hay algo que tiene claro es que las relaciones son tan singulares como las personas. Supongo que lo sabe desde chiquita. Yo, en cambio, sigo intentando dilucidarlo. La cuestión es que para ganarte su atención y comunicarte con ella, o tenés que ser joven y estar bueno, o ¡a remar!
Ahí nos tiene a todos, buscando ese punto de encuentro, móvil, efímero y escapista. A veces es un punto tan borroso que parece desaparecer. Entonces sentís que estás absolutamente perdido. Y sin saber que corno hacer dejás de buscarlo desesperadamente y te alejás de la órbita de lo obvio. En esos momentos en que estás por bajar los brazos, es casi seguro que el punto sale a la luz. A veces hasta con las palabras justas. Como cuando me dijo que me quería mucho, o cuando en un cruce de caminatas sin rumbo me dio un abrazo sentido, o se rió de alguno de mis pésimos chistes, o acotó algo muy en sintonía. Porque es un punto que da trabajo. Pero creéme que cuando te mira, te mira. Cuando te abraza, te abraza. Y si te dice algo sentido, tocás el cielo con las manos. Te sentís Neil Armstrong y querés publicar a cuatro vientos la conquista, aunque después algunos escépticos ni siquiera te crean. Como aquellos que aun dudan de que el hombre llegara a la luna.

2 comentarios:

  1. Genial Mariana, como siempre. De nuevo me hiciste reir y lagrimear a la vez con la nota.

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  2. Risas y lagrimas;!!! Por Dios que personajes maravillosos nuestros hijos ...valorar una mirada...un comentario atinado. Nunca hubiera imaginado q estas sencillas cosas me hicieran tan feliz. Gracias Mariana

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