lunes, 22 de febrero de 2016

Etiquetas

El uso de categorías es tan antiguo como el ser humano social. Había que separar lo que se come de lo que no, el que era amigo del que venía a hacerte daño. El que había que cuidar del quien habría que cuidarse. Las cosas se pusieron más complejas con la evolución de la sociedad, algo que al principio, supongo, habrá hecho las cosas más sencillas, pero que hoy llegan al extremo del bloqueo mental a la hora de encarar cualquier tipo de interacción social. ¡Nomas traten de llenar cualquier formulario!
Supongo que las etiquetas siguen sirviendo a algunos fines (no, señorita, este jean “L” no me va, tráigame uno con mas X por delante) pero cuando estas se depositan sobre seres, eternamente cambiantes por su propia naturaleza, la cosa se pone delicada. Porque queremos ser apreciados por lo que construimos de nosotros mismos, eso que nos hace orgullosos, no lo que por un capricho de la naturaleza nos ha tocado en suerte. Porque la etiqueta, como bien nos han enseñado en las clases de Química, sirven para saber cómo tratar correctamente lo que es etiquetado. Y esto, en una persona, se traduce en prejuicio. Especialmente cuando no se sabe el significado de la palabra escrita en la etiqueta, entonces por mero instinto, la persona es excluida para que por impericia no explote o contagie a algún otro. Entonces escondemos las etiquetas con la esperanza de postergar esta situación lo más posible, para acercarnos más al conocimiento y que sin miedo los otros descubran quienes somos. No es vergüenza, no podemos sentir vergüenza de lo que SOMOS y no elegimos. Pero está bueno que primero nos conozcan a NOSOTROS, antes de lo que sea que diga esa etiqueta, que no nos define ni justifica.
Con el autismo de Víctor siento una profunda dicotomía. Por un lado, todo lo que dije antes. Luego tenemos los tiempos acelerados de hoy en día. Cuando salimos a lugares donde existe la posibilidad de interactuar con otras personas, lo dejo deambular como cualquier niño y no me meto en sus juegos salvo que él me lo pida. El “Tiene autismo” lo guardo como último recurso y solo si realmente viene al caso. La gracia es que no nos traten diferentes solo por su autismo… ¡Pero también está bueno hablar de autismo! Y estas oportunidades, si se puede y no hay crisis de por medio, están buenas para que nos vean en 3D y no como un listado de síntomas y siglas raras.
Pero también me siento incomoda… porque Víctor aun no entiende que es Autismo y las implicancias sociales de decir “Tengo autismo”. Quizás odie que yo le diga al mundo sobre su autismo. Quizás odie que lo oculte. Quizás en unos años él mismo podrá decidir qué hacer con sus etiquetas.

Sea como sea me tendrá de su lado.

3 comentarios:

  1. Genial tu nota! tal cual nos pasa a nosotros! no estamos solas!! jaaa

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  2. Yo me tendría que hacer 50 de esas camisetas "Estoy harta" con ese impreso por delate y por detrás. A Laura le voy a hacer una que diga "No soy un diagnóstico, soy una persona". =(

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  3. YO TAMBIEN ESTOY SIEMPRE ENTRE DECIRLO...PARA QUE LO ENTIENDAN Y NO DECIRLO PARA QUE NO LO ETIQUETEN Y LO TRATEN COMO EL RARO. Y LA CULPA DE NO SABER SI ME EQUIVOCO...ESCUCHE POR AHI ..QUE EL DIA QUE NACIO LA MADRE , NACIO LA CULPA. TAMBIEN SE QUE DEBEMOS HABLAR DE AUTISMO...PERO MAS ME GUSTARIA HABLAR DE INCLUSION. MI HIJO ES MAS QUE UN DIAGNOSTICO...Y NO QUIERO QUE ESA ETIQUETA SE POSISCIONE ANTES QUE SU NOMBRE...POR QUE EL ES MUCHO MAS QUE ESO. GRACIAS CECI POR TUS PALABRAS , NOS IDENTIFICAN A TODAS LAS QUE TRANSITAMOS ESTE CAMINO.

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