lunes, 14 de diciembre de 2015

El nene no ME come… (versión TEA)

Las mamás del planeta “Dis” tenemos la mala costumbre de hablar de nuestros hijos en primera persona.

Sí. Suena raro. A mi terapeuta le saca canas verdes, es una muestra clara de que una no separa bien lo que es de cada cual. Pero, cuando no se procesa desde el inconsciente al fluir de la palabra, salen frases de este tipo:

ME quedé sin colegio”—léase: mi hijo se quedó sin colegio, pero la que va a tener que recorrer los cien barrios porteños en búsqueda de una institución, lo va a tener que sostener en casa y organizarle la vida mientras tanto, soy yo.

ESTOY desorganizada”— léase: el nene no tiene sus actividades organizadas aún, lo cual lo tiene súper inquieto y estoy corriendo atrás de él todo el día.

ME miraron con esa cara de mierda”—léase: al nene lo miraron con una cara espantosa porque estaba portándose de manera peculiar. O me la fumo yo o le pego un bife al desubicado y me llevan en cana.

“No NOS invita un mísero amiguito a jugar a la casa”—léase: al nene no lo invitan sus compañeros, lo cual a me duele en el alma, aunque a él puede que le importe un pepino…o no. Al margen: si está integrado y no hay uno que haga el intento de invitarlo, ¡lo más deprimente probablemente sea el grupo!

En terapia insisto en que tengo clarísimo que los hijos y su madre (o sea yo—y no me vengan con que porqué hablar de tu hijo en primera persona y de una misma en tercera, porque no quiero encarajinar la cosa más de lo que está) somos personas separadas, pero este uso idiomático, entre afines, no se cuestiona. En el fondo sé que no es de lo más saludable. Digamos que es como el uso excesivo de hisopos, uno sabe que no es el ideal, pero si tomás la costumbre y lo tenés a mano le das sin asco. ¡No por eso te querés perforar el tímpano!
Puede que sea que las mamás nos apropiamos un poco de lo que les pasa a los chicos.

Quizás sea que le ponemos voz al que no tiene y lo hacemos desde un “yo”.

Cuando advierto estoy cayendo en este uso idiomático, trato de corregirlo. Por un lado, para no sentir que estoy pagando mis sesiones de terapia en vano, que bastante me cuestan. Por otro, por respeto a Tati, que ya está entrando en la adolescencia y convengamos que es una etapa donde los hijos no quieren estar tan ligados a la madre, ¿no?

Ahora bien, si estoy hablando entre madres y una me cuenta de su última visita con el nene al pediatra:

“El tipo ME quería rajar del consultorio, cero paciencia, cara de culo…con ese médico ¡no ME atiendo más!”, me olvido de la persona en que relata sin ninguna culpa y le contesto. “Que se vaya al carajo, ¡BUSCATE otro!”

4 comentarios:

  1. Genial!!! Cómo me hacés reir con tus notas y cuánta verdad jaja.

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  2. Esto es lo mas fantástico que me paso en los últimos 4 años…. no hay publicación que no me haga sentir menos sola…. gracias totales como diría Soda….

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