martes, 21 de abril de 2015

Hablemos de lo que nadie habla cuando habla de Autismo

Desde que comencé a transitar mi camino como "madre de un niño con TEA" (que puede no parecer mucho tiempo para el común de los mortales, pero lo es en la vida de mi hijo) encontré mucha gente con mucho para decir al respecto.
La mayoría hablándome en condicional (podría, habría, tendrías), de la conveniencia de recurrir a un profesional de otra especialidad (físicamente lo veo bien, esto es conductual, llevalo a hacer unos estudios, el necesita otro tipo de escolarización) o en una manera tan abstracta (lo ideal sería, en tal escenario, si acaso tuviéramos) que terminaba muchas veces, tras un día de visitar profesionales calificados, en el mismo lugar donde empecé.
Quizás solo estaban dándome la oportunidad de aprender por mí misma de lo que éramos capaces de hacer, o que acariciemos la desesperanza para que valoremos lo que ellos tienen para ofrecernos y no nos quejemos.
No soy docente, ni psicopedagoga, ni fonoaudióloga ni NADA. La verdad es que el único título que tengo es el de la Secundaria (Perito en Comunicación Social) y el resto de mis estudios inconclusos son más orientados al arte que a las nobles ciencias de la salud.
No tengo mucho dinero pero tampoco tengo necesidad de lujos materiales.
Mientras esperábamos que los profesionales se pongan de acuerdo, rellenen y sellen formularios, el tiempo pasaba y la relación de mi hijo y mi familia, pasó por un nuevo reconocimiento, un nuevo aprendizaje de nuestros roles y lo que debíamos hacer para seguir adelante.
Descubrimos la manera en que se interesa por las cosas, como aprehende nuevos conocimientos y habilidades, como empieza a reconocer en otros niños a personas como él mismo, y como entonces se da cuenta que hay algo en él que no está en los demás.
Sí. Los escuchamos siempre que alguien menciona la palabra autismo: "Están en su mundo" como justificando con esa frase no hacer nada por integrarlos a "nuestro" mundo, porque ellos se van a "su mundo" y no nos quieren ahí.
Lo entiendo, supongo que alguien acostumbrado a hablar con alguien que te mira a los ojos mientras asiente a cada palabra, pensara que una persona con autismo no te oye. Me ha pasado a mí.
Pero luego nació mi hijo y con trabajo aprendimos a comunicarme de otras maneras
Y lo vi, en sus ojos, cuando poniendo en práctica lo que me habían recomendado familiares, psicopedagogos y artículos de internet, me negué a darle un jugo que me estaba pidiendo estirando sus manitos. Me miró a los ojos -lo logré- y le dije modulando con mis labios: JUGO. JUGO. JUGO.
Él sonrió al principio, luego hizo una mueca y sus ojos se aguaron antes de bajar la mirada, pegar media vuelta y correr a la sala, sin su jugo. "No puedo" decían esos ojos. Veía el entendimiento en su mirada, casi veía las palabras subir por su garganta, asomarse hasta llegar a la lengua, y una barrera invisible y poderosa que no permitían que salieran. "No puedo" pensaba y me di cuenta, en ese momento, que él tomó conciencia, en la manera primitiva y básica que puede manejar un niño de 2 años, su autismo.
Traté de no llorar, no quería que confundiera mi bronca, ante la injusticia de que un niño así tenga que lidiar con esta frustración desde tan pequeño, con lástima.
Porque es mentira que no podés, hijo. Entiendo que lo sientas así, pero no lo es. Y en estos dos años que pasamos, con las cosas que pasamos, las que dejamos atrás y las que nos esperan adelante, podes MUCHO más de lo que vos y muchos más imaginan.
Y por eso estamos acá con vos, porque te queremos mucho y no te vamos a dejar caer.
Porque podés.

Ya vas a ver.

4 comentarios:

  1. Obvio que puede, y puede muchisimas cosas mas...y recordalo siempre, que no te digan nunca que no puede...el que te lo dice es el que NO PUEDE.

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  2. me emociona mucho tu relato, yo soy papá de dos. me siento identificado.

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  3. Cómo entiendo todo este relato. Entré de casualidad al blog y lo estoy leyendo en orden a ver si me ordeno yo también. Abrazos.

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  4. Imosible no sentirse identificados, me ha pasado lo mismo, he logrado por breves momentos esa conección, donde mi bebe tomandome de la cara me miró a los ojos, en sus ojitos vi TANTOOOO con esos segundos de conección me dijo mucho más que mil palabras. Vale la pena todo esfuerzo, cada lágrima reprimida, cada sonrisa y detallle que para otros padres pasan desapercividos. Un abrazo . No hay techo para nuestros hijos !

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